Y entonces es cuando llega ese terrible momento, el momento de darte cuenta de que esos cuentos de príncipes azules y almas gemelas son nada más que mentiras, burdos engaños para burlarse de una mente infantil, o tal vez por el miedo de destruir antes de tiempo la dulce inocencia de un niño, presentándole el mundo real.
Y entonces es cuando reniegas de todo, de tu fe en el amor, de tus principios, de todo aquello en lo que alguna vez creíste y se acaba ese es el fin de la inocencia, no lo marca una edad como creemos erróneamente toda la vida, el final lo marca ese sentimiento de autodestrucción, cómo si alguien de pronto hubiera presionado el prohibido botón rojo y una bomba largo tiempo encendida hubiera estallado al fin.
¿Ahora qué? es la pregunta, ahora nada, el mundo sigue y tu has de poner tu bella sonrisa de princesa una vez más y seguir el guión, corazón roto o no la función debe continuar. Si ya lo sé, no elegiste el papel que te ha tocado, pero es lo que hay, no hay otra función, es tu última oportunidad, pero... si, si, tienes razón, todavía hay una elección que puedes hacer, te queda esa libertad: o lo tomas o lo dejas, y has de tener en cuenta que si lo dejas, sólo dirán de ti que aquel pobrecito o pobrecita no era más que un cobarde, que todos tenemos problemas y que no afrontarlos es la solución fácil, pero, seamos sinceros, tú y yo sabemos que de solución fácil nada, los que están a tu alrededor no te dejan si te encuentran te lo impiden y si pueden te prohíben que vuelvas a tomar una decisión.
Sin embargo, si no te importa lo que digan de ti, adelante, es tu problema, tu elección, tú y sólo tú tienes poder sobre eso, aprovéchalo.
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